Hace un tiempo que decidí pasar por España en agosto, de vacaciones.
Dar un salto desde California para pasar en España, en la península, mis vacaciones.
Es la primera vez que me pasa, porque llevaba años viviendo en Canarias y siempre había sido más exótico lo de salir a algún lejano lugar en vacaciones que volver a la península. Exceptuando -ay! que casi lo olvido- aquel mes en que visité Cadiz la primera vez con Juanjo, subimos días después hasta Madrid, recogimos a Manolo, nos fuimos hacia Girona, y de ahí finalmente a Pirineos.
Esas fueron unas de las últimas vacaciones en que me diverí de lo lindo, hace 4 años ya...
Una vez decidido, intento encajar fechas para visitar a colegas de un sitio u otro. ¿Paso por Tenerife? ¿Me voy a Lanzarote? Compruebo que algunos ya han decidido sus planes, y calculo los gastos de mi salto al viejo continente... uf...
Cuando consigo tener un plan relativamente concreto y sencillo, hablo con quien se supone que iba a cuidar de mi gato mientras yo no estuviera aquí. Conchita, una compañera de piso.
El lunes a la noche, con mi dedo sobre la tecla de "aceptar pago" en la página de Edreams, vuelvo a confirmar a Conchita los días que estaré fuera. La piva (a quien además pagaría 100 dólares por las molestias de agachar el culo para poner comida y agua a Simón, y recoger unas cuantas caquitas) en un arrebato de inseguridad me dice que no sabe si hacerlo, que tiene miedo a que se le olvide...
Después de divagar unos minutos, decido que no hay ningún problema. Que no hace falta que lo haga. Ella me mira y me suelta: "Entonces ahora ya no quieres que cuide de tu gato?".
Yo me cago en todo y flipo... así es que me puse a buscar agencias de "pet-sitters" (gente que viene a tu casa media hora, está con el gatito, le da de comer, juega, bueno, al menos eso dicen, porque no creo que luego los animales se lo expliquen a los dueños).
Si los animales hablaran...
Con este plan, no sabía que coño hacer en agosto, por un momento pensé en dejar de pensar y esperar acontecimientos a medida qe los vuelos iban subiendo y subiendo de precio.
Incluso podría relajarme, quedarme en agosto recuperando el tiempo perdido en lamentaciones pasadas, y esperar hasta noviembre para irme a Costa Rica. Lástima de época de lluvias que me impide ir ahora...
El miércoles hablo de nuevo con la compañera de piso y me dice que lo siente, que tenía un mal día, y que sí quiere cuidar de simón.
Entonces me busco un vuelo a Madrid.
No sé cómo encajar lo del vuelo a Tenerife aún porque tengo varias cosas en la cabeza. Las cosas se complican cuando quieres hacer muchas cosas y sólo tienes un tiempo y un espacio para colocarlas. Por un lado me siento rara por desear pasar unos días con alguien muy especial, no lo puedo evitar. Me voy a Francia?¿
No sé ni me importa qué consecuencias puede tener esto de recuperar el flirteo con tanta distancia; hace justo un año estaba dándole vueltas a cualquier acto, a las consecuencias, implicaciones, significados, buffff, he acabado cansada de pensar, de verdad.
De repente siento que mi cerebro hace el gesto de imaginar y anticipar pero que no llega a consumarlo, como si estuviera bloqueado. No sé si es temporal, como una especie de consecuencia de lo que dolió estar rumiando y rumiando para nada, y se me pasará con el tiempo, y volveré a comerme el tarro como de costumbre. Por ahora siento que no, y me gusta disfrutar de este estado, de no dejarme llevar por los no-proyectos indefinidos. Supongo que el hecho de estar aquí, lejos, es tan evidente que favorece ese estado. El de no estar preocupada porque no soy dueña de nada, excepto de mis cositas aquí, que son pocas.
Joder, a veces pienso cómo sería yo si no hubiera estudiado psicología. Sería tan analítica? Supongo que sí. Conozco a gente analítica sin ser psicólogos, pero creo que no conozco a ningún psicólogo que no sea analítico.
Bueno, me apetecía hablar un poco en esta tarde de viernes.
Esta semana que acaba, ha sido com si figurásemos en la película de Mad-Max aquí en Davis (CA) con humo en el ambiente y el sol naranja a lo lejos, como si hubiera un eclipse. Hace un calor asfixiante.
Me he saltado un semáforo sin querer volviendo del instituto. En la piscina unas mexicanas se bañan con la ropa puesta, y en esa zona donde están, huele raro, como a mantequilla. Agggg.
Un paquistaní insistía el otro día en que le dejaran pasar a la piscina para hacer fotos solamente. Es inevitable pensar en el número de casos de pedofilia que asaltan los periódicos últimamente, y yo atendía a la conversación entre la socorrista y este tipo. Al final lo dejaron pasar. Fue gracioso porque hay entradas separadas para hombres y mujeres (hay que pasar por las duchas de camino a la piscina). Y el tipo se fue directamente hacia el pasillo de las mujeres. Parecía que mis prejuicios lo estaban empujando a la ducha de las chicas. Ay que ver.
Debe ser alucinante para alguien que procede de un país donde las mujeres van y vienen completamente cubiertas, entrar en un recinto cerrado excepto por las vallas, y ver tanto desparrame de carne distrubuida entre muslos, pechos, músculos,... buffff.
Por último, a veces me planteo si le habrá pasado a alguien más algo así como estar compartiendo el plantel de una película con un mal actor, que no se cree ni su propia función. El desamor se parece a eso.